lunes, 6 de febrero de 2017


sábado, 4 de febrero de 2017

AGUATINTA O MANERA NEGRA AL BICARBONATO SÓDICO



AGUATINTA O MANERA NEGRA AL BICARBONATO SÓDICO 

     Conocido es el uso de la SAL y del AZÚCAR en el mundillo del grabado. A alguien se le ocurrió espolvorear una u otra sobre una plancha protegida con un barniz. Este,  húmedo aún, absorbe lentamente los granos que acaban depositándose sobre la superficie pulida del metal. Seco el barniz, todo lo que hemos de hacer es introducir la placa en un baño de agua y esperar a que se disuelva la sal y el azúcar.
     El paso siguiente consistiría en proceder a la oportuna corrosión del metal por mediación del ácido.
      Curiosamente estos métodos no suelen utilizarse, porque son poco prácticos, o porque el resultado no es el esperado. Sucede también que, si no se obtienen los efectos deseados, estas técnicas se desechan por otras más prácticas. 
     El uso de la sal o del azúcar, nos dice que el grabador intenta obtener una trama, y lo lógico es esperar que esta sea uniforme; cosa poco probable si tenemos en cuenta que ni el grano de la sal y del azúcar guardan una proporción. A simple vista se puede ver que unos granos son más gruesos que otros.
     Con el papel de lija nos sucederá algo parecido. Se menciona, desde hace tiempo, la posibilidad de colocar la placa barnizada sobre la pletina del tórculo y anteponiendo el esmeril a las sabanas, se procede a someter a la plancha y a la lija a una fuerte presión. Tampoco es un método que se practique habitualmente. Esto es así porque una presión excesiva tiende a deteriorar el barniz, y si no es lo suficiente potente, el granear la plancha como es debido, supone insistir un gran número de veces en el proceso de prensar y corroer el metal. 
    Lógico es utilizar la resina a la hora de obtener una resina que resulte interesante para nuestros propósitos.
     Surgen entonces los sprays, los de pintura para carrocerías e incluso los acrílicos, menos tóxicos.
     Personalmente no desecho ninguno, todos son igual de interesantes, Lo lógico, siendo prácticos, es intentar comprender el por qué no funcionan las cosas como nosotros quisiéramos.
    En el caso del papel de lija o esmeril, lo resolví dibujando encima con un lápiz duro, en lugar de someterlo a la presión del tórculo,
     En el caso del azúcar y de la sal, el problema es su grosor.
    Siendo así, usemos bicarbonato de sodio, infinitamente más fino. Yo compré un kilo, es decir, tipo industrial. Lo hay incluso más fino, el envasado que venden en tiendas y farmacias.
     La primera prueba que hice no pudo ser más gratificante:

    1. Pulida y barnizada la plancha, procedemos, aprovechando el barniz reciente, (siempre en húmedo), a extender el bicarbonato sobre la superficie, dejándola tal y como se aprecia en la fotografía.




     2. Cuando ha secado el barniz, (suele hacerlo en pocos minutos si colocan la plancha sobre una estufa o fuente de calor), introducen el metal en un recipiente con agua y esperan a que el bicarbonato se disuelva por completo. Ha de hacerse así por una razón muy lógica: todos conocemos la reacción del bicarbonato cuando lo tomamos para rebajar la acidez estomacal. Lo mismo sucede si lo introducimos en el Percloruro Férrico. Se forman burbujas que impedirían la mordida.

Llegados a este punto, metemos la plancha invertida en el baño de ácido durante 40 minutos y tras limpiar la plancha repito la operación una segunda vez, al objeto de granearla en su totalidad, dado que los brillos en la placa me indican que aún no esta preparada.

Otro barnizado. Se espolvorea la plancha de nuevo, se disuelve en agua, y al baño.


      La primera prueba de estado me indica que este es un método que no debo descartar, que es conveniente repetir la operación una tercera vez para obtener la intensidad tonal deseada.

     Limpié la plancha, con el bruñidor, a mano alzada y realicé un pequeño dibujo, al objeto de comprobar textura y calidad del grano obtenido. 

Ustedes deciden si mereció la pena el ejercicio.


Puede hacerse también prensando la sal dura del bicarbonato sódico sobre la plancha protegida con barniz duro, anteponiendo un plástico resistente. Los granos granean el barniz y se obtienen tonos agrisados muy delicados.

UN EJERCICIO EN SERIO. 

He seguido esos mismos pasos, con la diferencia de recurrir a la plancha de latón, considerablemente más fuerte que el cobre, y, la corrosión ha pasado de los 40 minutos a las dos horas. 

Barniz, Esencia de Trementina, un pincel, la planta de latón y el Bicarbonato.


La plancha barnizada. Es importante la finura del barniz.


La plancha recubierta con el bicarbonato estando el barniz húmedo aún.


Una fuente de calor facilitará un secado rápido


Es necesario introducir la plancha en agua templada y dejarla descansar al menos una media hora. 
si metemos la plancha en el ácido con restos de bicarbonato, se formaran burbujas.


Esas burbujas forman reservas que impedirán la acción del ácido. Suelo extraer la pancha de vez en cuando para comprobar que esas burbujas no existen. En la plancha se aprecia ese fallo. No obstante, al continuar la corrosión, la huella desaparece.


Primera prueba de estado obtenida con dos horas de corrosión

Repito la operación y procedo a una tercera mordida de otras dos horas. 
Prueba de estado.


Tras repetir el proceso una tercera vez, y tras dos horas de corrosión, la plancha me procura una estampación que me alegra el espíritu, especialmente la intensidad tonal que presenta, de un negro realmente llamativo.


He empezado a bruñir la plancha y lo he hecho plasmando un retrato de Belén, mi pareja. La plancha presenta un aspecto realmente vistoso. En la fotografía se aprecia que la frente, nariz y ojos, aparecen más brillantes que el resto, señal de que he seguido bruñendo, al objeto de lograr aclarar la imagen. 


La primera prueba de estado intento hacerla cuanto antes, al objeto de valorar la presión exacta que me exige la plancha a la hora de obtener el tono deseado. En este caso es indiscutible que aún me queda mucho por hacer, pero una cosa es segura, la manera negra obtenida me va a procurar plena satisfacción. 



Quinta prueba de estado. Plancha


Quinta prueba de estado. PlanchaEstampación

















lunes, 23 de enero de 2017

AGUAFUERTES O AGUATINTAS AL ESTROPAJO DE ALUMINIO.




ALGODÓN DE ACERO COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO.
Técnica registrada como propiedad intelectual.

Material necesario: En mi caso plancha de latón, 
barniz aguafuerte (duro).
Percloruro Férrico, (mezcla: 1 litro percloruro x 1 de agua)
y Algodón de acero.



    Por chocante que parezca, un sencillo estropajo de aluminio, o, algodón de acero, nos puede brindar tramas muy variadas, facilitarnos una aguatinta muy delicada o por contraposición, una manera negra tan potente como se nos antoje; del mismo modo un aguafuerte tramado mediante reservas, y todo ello con inusual sencillez si tenemos en cuenta que no hemos de recurrir ni a resinas, ni a sprays, ni a cualquiera otro producto tóxico.





     Hemos de cortar el estropajo de aluminio y colocarlo sobre el barniz duro que cubre la plancha previamente pulida y barnizada, Puede hacerse entrelazando las fibras y tras darles un poco de volumen, estirarlas hasta que cubran por completo la plancha. En este caso la aguatinta presentará una mayor concentración de pequeñas incisiones que nada tienen que envidiar a la trama que rinde la resina más delicada. De gran importancia es la finura del barniz utilizado, Cuanto más fino sea este, más nítida será la trama obtenida. Es lógico deducir que un barniz excesivamente grueso no será atravesado limpiamente por las microscópicas fibras del estropajo, aunque también se ha de considerar que e estropajo se puede adquirir de distinto número y grosor. Llegados a este punto, procedemos a someter la plancha cubierta con la fibra de aluminio a la presión del tórculo, anteponiendo a la manta un plástico de cierta dureza, o incluso un trozo de cartón. Puede repetirse esta operación tres o cuatro veces. La presión ha de ser idéntica a la que nos exigiría la mera estampación de un grabado cualquiera.




     Del tiempo de corrosión, dependerá, lógicamente la intensidad del tono obtenido. Del mismo modo podemos aprovechar el estropajo tal y como nos lo presentan, es decir, uniendo las fibras en paralelo, extendiendo las mismas sobre el barniz y sometiéndolas a unas cinco o seis presiones, cada una de ellas en una dirección distinta: en vertical, en horizontal y en diagonal. No será raro que una mordida larga, de una hora y media, más o menos, nos brinde a la primera una manera negra.




     Que la fibra de aluminio se quede adherida al barniz que cubre a la plancha no tiene la menor importancia. Se disuelve rápidamente al contacto con el Percloruro Férrico, aunque se forman unas burbujas que impedirían la acción del mordiente en esas zonas. A los tres o cuatro minutos extraemos la plancha, la lavamos y seguimos con la corrosión.




     Tener en cuenta que la plancha ha de ir invertida. Una sencilla cinta transparente de las utilizadas para embalar nos ayudará perfectamente en este menester, sin necesidad de tocar el barniz a la hora de extraerla. Personalmente le suelo echar un vistazo de vez en cuando, vigilando la existencia de cualquier burbuja.



      Esta fue mi primera prueba, obtenida con una única presión del aluminio bajo el rodillo. Una hora estuvo sumergida. Esto nos indica que a pesar de usar un barniz muy fino, la presión no lo deteriora y que el método nos permite mordidas muy prolongadas sin que se resienta el latón ni el cobre.




     En este caso la plancha fue sometida a cinco pases por el rodillo, colocando las fibras del aluminio en distintas direcciones, en horizontal, en vertical y luego en diagonal. Puede observarse la intensidad del tono obtenido, aunque nos exige un par de pasadas más, sin que estas tengan que ser sometidas después a mordidas tan potentes como la anterior.




    Inicialmente he realizado dos grabados, tanteando las posibilidades del método. La Primera Prueba obtenida nos indica que existe una gran similitud con una aguatinta tradicional realizada a la resina. La trama en vertical que puede observarse no es otra cosa que la huella dejada por un trozo de tarlatana sometida a la presión del rodillo sobre una barniz duro, antes de hacerlo con la fibra del aluminio. El resultado ha sido delicado porque la mordida no superó la hora.
    Han de procurar trabajar sobre un barniz de secado muy reciente. Cuanto más seco esté el barniz, más tiempo necesitaran de corrosión para obtener el mismo resultado, Eso es lo que he observado, aunque he de seguir realizando pruebas, dado que no parece lógico.



Detalle ampliado de la estampación anterior.



Segunda plancha, igual ejercicio, aunque con una mordida que superó la hora y media. 
Se nota el grosor del grano a simple vista


La estampación obtenida y detalle aumentado del grabado.


Resulta agradable ver el aspecto que adquiere la plancha ya graneada con el estropajo de aluminio. (Detalle)



     Bajo una fuente de luz es posible observar que la matriz, en este caso de cobre, no refleja la menor traza de lo que previamente era una superficie meticulosamente pulida, Llegados a ese punto podemos dar por buena la preparación de la plancha. Es un momento gratificante, por lo que supone ponerse a trabajar en una obra nueva.




      Considerando que merced a las fibras del aluminio es posible tramar la totalidad de la plancha de un modo inusualmente intenso, y todo ello sin deteriorar el barniz, me parece lógico intentar trabajar ese tramado como suelo hacerlo al utilizar la resina, Se trataría pues de trabajar un aguafuerte de puntos mediante reservas. 




     Preparada la plancha (en este caso de latón)  empiezo trabajando el dibujo previo mediante un pliego de papel de lija (número 600). Arriba la primera prueba de estado del registro obtenido.


 

      Limpiar la plancha, barnizarla y someterla a la presión del estropajo de aluminio cinco o seis veces, siempre con distinta orientación a la anterior. Verán que el aluminio se aplana y se convierte en un pliego que podemos utilizar varias veces.  




     No supone ningún problema tramar la placa por este medio, es relativamente sencillo, y he de añadir que soporta una presión considerable bajo el rodillo.




     Empezamos protegiendo las zonas que han de ir en blanco, con barniz de secado rápido, y se procede a la primera corrosión. Teniendo en cuenta las pocas pruebas que he realizado con este método, me arriesgo a una primera mordida de 15 minutos. En el zinc, obtener el efecto deseado, me llevaría tres o cuatro segundos, Es indiscutible que la dureza del latón puede ser un impedimento, pero sea cual sea el resultado, me permitirá conocer el modo de proceder con el próximo grabado.




Detalle de las reservas con barniz,




     Aquí puede verse la plancha en proceso para ser sometida a la tercera mordida. La segunda corrosión fue también de 15 minutos. Si desean obtener un buen resultado cuando trabajen una aguatinta a la resina, procuren no doblar nunca los tiempos si desean obtener degradados tonales que se enlacen los unos con los otros, Trabajo por lo tanto con ese mismo método y someto la plancha a cuatro corrosiones de 15 minutos cada una. Esto suma una hora. La plancha presenta buen aspecto,



Estudiando la matriz frente a una luz, la imagen que se refleja me indica que el aguafuerte va evolucionando correctamente, pero el folio sobre el que me apoyo para no tocar la superficie aparece manchado lo que me lleva a pensar que quizás he desgastado la fina película  de barniz que deposité inicialmente. Al objeto de no deteriorar el grabado decido limpiar la plancha y ver la evolución.



     El aspecto que tiene me gusta, aunque percibo que el proceso se puede mejorar. El barniz utilizado para reservar, al ir mezclado con esencia de trementina, es excesivamente líquido y tiende a expandirse, lo que provoca que aparezcan en la estampación trazos excesivamente anchos. Busco efectos más precisos.


      Volveré a repetir el proceso al objeto de mejorar la obra y mostraré el resultado, dado que en el peor de los casos, este aguafuerte podría resolverse usando el papel de lija o bruñendo finalmente como si de una manera negra se tratase, las zonas más oscuras.



Tras barnizar la plancha, resuelvo sin embargo trabajar algunas zonas al aguafuerte y otras mediante el papel esmeril. 


En la estampación pueden observarse los detalles: Los trazos al aguafuerte y las reservas de barniz.


      Dibujando sobre el papel de lija o esmeril, siempre mediante presión,  pueden obtenerse efectos en degradado tonal y manchas aterciopeladas que rinden negros intensos.


Estampación realizada con tinta calcografica negra, charbonell.



     La misma estampación con una tinta más clara nos muestra la sutileza del aguatinta obtenida, Nada tiene que envidiar a la trama tradicional que procura la resina.


detalle de la plancha.

     Repito el proceso del estropajo de aluminio y decido seguir trabajando mediante reservas de barniz de secado rápido, al objeto de ver la posibilidad de intensificar tonos en zonas concretas, especialmente en los primeros planos.



       Sobre una plancha protegida con barniz duro, en la que había realizado previamente pruebas con una tarlatana, coloqué  tres trozo de estropajo de aluminio que envolví entre los dedos como si se tratase de un simple algodón y los coloqué sobre el barniz, añadiendo después una fibras retorcidas. El resultado fueron esta manchas que recuerdan un par de arboles, Fue una presión única y la mordida en el Percloruro no superó la media hora, Unas manchas aterciopeladas que brindan muchas posibilidades.


     Resuelvo barnizar la plancha y granearla de nuevo con el objeto de trabajar mediante reservas algunas zonas. Una vez trabajada le doy una mordida de 15 minutos.


Sigo reservando y nuevamente la someto a otros 15 minutos de corrosión.


Colocando la plancha frente a una fuente de luz, en te caso la ventana, puedo observar la evolución.


Ultima reserva y mordida de media hora.


     Este es el resultado de la última estampación. He utilizado una tinta agrisada y visto el resultado, remataré el grabado con algunos trazos al aguafuerte, reforzando algunas sombras, y, papel de lija, al objeto de rebajar ligeramente los blancos más luminosos. Diré que al efectuar la estampación, me costó despegar el papel de la plancha, a la que se hallaba fuertemente adherido, lo que denota que las fibras del aluminio procuran incisiones extremadamente finas y al tiempo muy profundas. 

      Las reservas, como puede verse con este método, sirven exactamente igual para una aguatinta a la resina, un aguafuerte al esmeril, o bien, como es el caso, al estropajo de aluminio. La única dificultad que se nos plantea entre unas u otras es el conocer el tiempo de corrosión necesario para la obtención de un determinado tono. Por ello no entiendo que los libros que podemos adquirir, dedicados al grabado, insistan en la imposibilidad de controlar los ácidos. Creo que puede hacerse sin dificultad si tenemos en cuenta determinados factores, algunos tan importantes como el tamaño de la resina, o, el grosor del barniz utilizado, Hemos de tener en cuenta que cuanto más fino sea el grano de colofonía o el trazo realizado con punzón al aguafuerte, más tiempo tardará el ácido en ensancharlo y morderá antes en profundidad que en anchura. De este simple factor va a depender nuestro trabajo. En este caso, mediante mordidas de quince minutos, podemos obtener una extensa variedad de tonos, y no resulta complicado, limpiar la plancha, conprobar su estado, y seguir evolucionando para enriquecerla con los matices que se nos antojen, jugando además con la dureza del latón, que cosa curiosa, mediante esta técnica, no resulta complicado de bruñir.


ULTIMA PRUEBA DE ESTADO.

La plancha de latón refleja la delicadeza de la aguatinta obtenida.


Prueba de estado.


Muestro otro ejemplo de la técnica sobre plancha de Latón. 
En este caso un segundo estado de la plancha trabajada a la manera negra.
Onserven la trama que nos brinda esta técnica realizada al algodón de acero.


La tercera Prueba de Estado


La trama se aprecia con absoluta claridad en la plancha ya trabajado con bruñidor.
Observen que las incisiones abiertas en el metal por las fibras del algodón de acero, se pueden 
apreciar en horizontal, diagonal y en vertical, Del tiempo que tengamos la matriz introducida en el
Percloruro, depénderá lógicamente el grosor del grano obtenido.